Cuando creemos que damos lo que realmente se necesita

 

A veces, en nuestro afán de cumplir con nuestros deberes morales, hacemos cosas pensando que eso es lo que se esperaba de nosotros. O esas palabritas que nos dicen: eso es lo que él quiere, hacelo, después te lo van a retribuir o reconocer ese gesto… Y no. A veces pasa todo lo contrario. Eso que damos, convencidos de que era lo que el otro necesitaba, responde más a una idea nuestra que a una necesidad real del otro.

Imaginamos historias para nosotros y para los demás. Creemos que nuestra pareja espera actitudes de nuestra parte que, en realidad, tal vez nunca hubiera pensado. Actuamos en base a nuestro reloj biológico, hacemos cosas por intuición, y a veces no es que uno no esté afilado o no entienda las sutilezas o las energías. A veces es la otra persona quien recibe nuestro mensaje de un modo erróneo.

Hacer cosas que alimentan el propio ego no significa que estemos complaciendo al otro ni construyendo algo real. A veces, lo único que necesitamos es observar y escuchar más a los demás. Acallar esa voz interna que nos dice: esto es lo que se espera de mí. Ese pensamiento intrusivo viene del ego, de esa parte que nos quiere ver brillar a costa de algo placentero y efímero.

Esa vocecita, a veces perturbadora, interfiere con emociones reales y nos hace tambalear quiénes realmente somos. Hay quienes sienten el placer de hacer por el otro, pero la realidad es que, muchas veces, ese gesto responde más al ego que a una verdadera escucha.

Si yo escuchara más a las personas, si las viera de verdad, las podría entender mejor. Saliéndome de mis costumbres y mi manera de mirar, ahí podría encontrar un ser diferente, con miles de oportunidades distintas, de las cuales se puede aprender. Hay un mundo de posibilidades cuando uno se encuentra con otro.

En ese intercambio de visiones, en esa mezcla de sentires, hay una vulnerabilidad a flor de piel. Algo genuino. Una sabiduría auténtica, propia del ser. Hay tanta riqueza, tanta abundancia en cada uno de nosotros. Es cuestión de sabernos interpretar. Si no, las relaciones se extinguirán. Y aun creyéndonos perfectos, humanos, errados y confundidos estamos.

Cuando me abaten, cuando siento confusión, cuando siento que toco fondo, el impulso se hace más fuerte, aunque el alma se encuentra débil de amor. ¿Y qué pasa cuando hay un hueco en el corazón? Se libera un espacio para nutrirlo de una forma renovada de amor. Más consciente, más preparado y nutrido por todo lo vivido. ¿Para qué? Para continuar con esta bella vida. La de vivir y ser feliz, surfeando la ola de las relaciones en el día a día.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Beatus ille, dichoso aquél

Tha club

Cannabis y Bienestar Integral: Una Herramienta Natural para Mejorar tu Calidad de Vida